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La frustación del Silencio

Podría escudarme diciendo que Él se hace suyas las sobadas palabras del proverbio indio "cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio", pero lamentablemente no es así. Hay silencios que son simplemente eso: silencios. Dañinos. Crueles. Frustrantes. Castradores. Pero silencios.

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Delirios de una soltera

Las palabras tienen el poder de herir, de acompañarte hasta el séptimo cielo y de hundirte en el lodo. Pero también pueden ser terapéuticas. Y este experimento es, para mí, prueba de ello. Esto es lo que salió en una noche que debía ser especial por unos motivos y terminó siéndolo por otros.


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Un tranvía llamado Deseo

Ésta es una oda a ese alud de desconocid@s que, día a día, nos cruzamos en el vagón del metro o en la multitudinaria cola del supermercado. Porque son ell@s los que mantienen en vida mi imaginación. Gracias.


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Frío que quema

El contrario del amor no es el odio, sino la indeferencia. Pues bien, si seguimos con la misma lógica, quizás la antítesis de fuego no es hielo. Porque el hielo (¿y quién no lo ha probado in situ?) puede llegar a abrasar.


Bandasonoriza tu vida

Música para camaleones. Si la memoria no me falla, éste es el título de uno de los libros del magistral, desde mi humilde punto de vista, Truman Capote.

No os confundáis, no pienso hacer una diatriba sobre Capote y su obra. No soy la persona ni éste el foro para hablar de él.

Tras semanas de ausencia me he acercado a este pisito en las afueras, como me gusta llamar a este LJ, para haceros una pregunta: ¿es la música tan importante en vuestras vidas? Canciones=momentos, emociones, sonrisas, lágrimas, momentos compartidos, ausencias, añoranzas... ¿Y para quién no, diréis? Pasar de la sonrisa al llanto en sólo tres minutos, lo que dura una canción. Sí, eso me ha pasado, me pasa y espero, que me siga pasando. Porque eso significa que estoy viva, que emocionalmente sigo vivo.

¿Y a qué viene todo esto? A los rocambolescos mecanismos de la memoria. Estaba rebuscando en mi Itunnes alguna canción que me acompañara, a mí y a mi copa de vino, en esta bochornosa y solitaria noche de sábado cuando éste título me ha venido a la cabeza. ¿Por qué? De verdad que no tengo ni idea. Porque yo, que sepa, no soy un camaleón. Aunque a veces me gustaría. Poder camuflarme entre el gentío, adaptarme al medio, mimitizarme con él hasta "desaparecer". Hasta fundirme con este entorno deshumanizado del que no se espera nada. A veces, de verdad, a veces me gustaría poder ser camaleón. Pero no lo soy. Como tampoco soy música.

Por cierto, no podía despedirme sin deciros que al fin he dado con la banda sonora perfecta para hacer más llevadera este sábado noche: Michael Bublé. Dios, qué voz. Creo que podría enamorarme de una voz. De hecho ya lo hice una vez. Pero eso es ya otra historia...

Buenas noches.

Es una cuestión de fe

Dicen que el siete es el número de la suerte. Lo cierto es que no soy una persona muy creyente que digamos, en general y en particular con notables excepciones. Normalmente mi escasez de "fe" en estos asuntos de la numerología aplicada a la vida cotidiana se debe a que la realidad se emperra una y otra vez en demostrarme lo contrario. Así, cuando empezó este año (2007), tuve como una intuición: "mal año". ¿Chorrada? Totalmente, pero la realidad, otra vez, reafirma mis temores. Lo cierto es que este maldito 2007 (sí, así es como lo he bautizado desde hace unos meses) me está dando bastante por saco. Empezó regular, algo torpe e incluso desacelerado, pero simplemente estaba tomando carrerilla para lanzarse a mi yugular en marzo. Y así lo hizo. Me pilló con la guardia bajada y me noqueó del todo. Aunque como dice el refrán: "lo que no te mata, engorda" o lo que es lo mismo, "si sobrevives, sales reforzado". Pues bien, estoy vivita y coleando, y más fuerte (¿y gorda?) que antes. O eso me gustaría creer (excepto por lo de gorda). Pero bueno, no me he dejado caer por estas lindes tras casi dos meses de ausencia para echarme a llorar. No es el caso. Sino porque ayer leí una noticia, que seguramente ya habréis más que comentado, que me hizo pensar que quizás, dentro lo cabe, no está todo perdido con este maldito 2007. La noticia decía algo así como, y cito textualmente:


DD ha adelantado que han comenzado las negociaciones para rodar a finales de año la secuela de la película. "No será una cinta de terror como Hostel o Saw, sino un thriller sobrenatural". Y si funciona, habrá tercera parte.

En resumidas cuentas, rumores, rumores, pero parece ser que esta vez, la cosa va en firme. Quizás no todo está perdido, y este 2007 termina haciendo honor a la numerología aplicada ;-))

Lo que da de sí un beso

No soy una experta del tema. Ni a nivel teórico ni práctico. Tampoco es que piense mucho en ello. En ningún nivel, ni en abstracto ni tampoco de un modo tangible. Y a pesar de todo, fue beso la primera palabra que me vino a la mente cuando pensé en escribir. De nuevo. Así que no pude negarme. Me senté ante el ordenador y como si mis manos tuvieran autonomía propia, salió eso. No es una historia, no hay personajes, no hay trama, no hay análisis, no hay... De hecho no sé lo qué hay ni tampoco lo que no hay. Son sólo palabras. Aunque, con lo necesitada de ellas que iba últimamente, a mí me bastan.

A tod@s, muchos besos.

Vivo sin vivir en mí

Apatía. Autismo social. Dejadez. Solipsismo agudo. Y podría seguir hasta intentar dar con la palabra exacta que reuniera mi estado emocional de los últimos... ¿días? ¿semanas? ¿meses? Si ya lo digo yo que los años impares no son lo mío. Lo intuí entre la uva número ocho y el chinchin del brindis de las 00:00:13 de la noche de fin de año. ¿Absurdo? Del todo. Y más para una agnóstica (en general) como yo. Pero es que a veces las explicaciones más absurdas son las más sensatas. O yo qué sé. Quizás simplemente estoy vitalmente desorientada y mi mente racional se emperra en buscarle una explicación a mi estéril estado emocional. Y la apatía y el autismo social son la más factible. Porque en defintiva, estoy apática y vivo instalada en un "no me apetece ver/hablar/interaccionar" con nadie que no sea estrictamente necesario. Y esto no es muy propio de mí. A ver, no es que sea la reina de la fiesta en estado normal, pero tampoco el prototipo de plañidera de los funerales de antaño.

A veces creo que la culpa de todo la tiene el trabajo. Que allí, encerrada en esa maldita oficina enferma que por no tener no tiene ventanas que se abren (sí, sí, edificios muy modernos pero insanos del todo) mi sociabilidad se evapora. Entre el teléfono que no para de sonar y claro, debes atender con cordialidad a pesar de encontrarte con los gilipollas más gilipollas de la faz de la Tierra (no pierdo la esperanza de que haya vida inteligente en otro planeta. Por favor!!!!! Si estáis ahí: invadirnos!), y los compañeros que debes coordinar, eso sí, con mano derecha para que no te digan que eres una mala jefa o una pequeña gran dictadora. Bueno, si a eso le sumamos las reuniones (absurdas) que te hacen perder el tiempo y terminan prolongándote la jornada laboral hasta las quinientas, el resultado es que cuando, finalmente, cruzo la puerta de mi casa no me apetece hablar. Es más, no puedo. Es como si mis cuerdas vocales se declararan en huelga.

Sé que eso no es excusa para este absentismo del LJ y de todas las maravillosas personas que he tenido la oportunidad de conocer en este mundo del fanfic. Lo sé, pq para escribir no es necesario hablar. Aunque sí enfrentarte a la pantalla del ordenador, y mis ojos a esas horas de la noche tras pasar más de 12 horas ante una maldita pantallita no es que hagan chirivitas, es que directamente han huido y van camino del primer juzgado de guardia para demandarme por tortura.

Pero todo eso son excusas, porque lo realmente importante es que no me veo con fuerzas. Es más, os diré que no escribo, por placer, o sea, fanfics o drabbles, desde el año pasado. Y aunque me encantaría ponerme de nuevo, no tengo la energía para ello. Y no sólo no escribo, sino que apenas os leo. O sea, un desastre absoluto. Tengo pendiente desde hace un mes releer el maravilloso "El lado oculto de la luna" de yuvia para poder retomarlo hasta el final, y ahí está, pendiente. Lo que digo: un desastre.

Os he descuidado a todos. Lo sé. Y os pido perdón por ello. De hecho, creo que llevo unos meses descuidándolo todo. Acaso sólo el trabajo se libra. Y esto es muy triste, la verdad. Así que hoy me he animado a escribir de nuevo y, desde este atrio virtual, enfrentarme a mis fantasmas. Sólo conociéndolos los vencerás, ¿no? Pues allá voy.

Y, parafraseando a Scarlata O'Hara, "A Dios pongo por testigo que nunca más volveré a pasar hambre". Lo que, llevado a mi terreno, es "prometo esforzarme para enmendarme".

Mil disculpas a tod@s.
Lo sobrenatural está de moda. De eso no hay duda. Y no lo digo sólo por mi reciente afición a la serie de título homónimo (bueno, llámese afición a la serie, a la dinámica a lo "Mulder-Scully", al binomio te odio-te quiero, o al más que probable OMG qué guapos son los malditos hermanos). A lo que iba. Que todo lo relacionado con los fantasmas, espíritus y demás fenómenos inexplicables está de rabiosa actualidad. En la gran y, sobre todo, pequeña pantalla. Basta echarle un vistazo a la producción americana (la española, con vuestro permiso, la omitiré).

Es como si el fuego hubiera prendido, de nuevo, las brasas del filón sobrenatural. Así, ahora tenemos a videntes varias a las que los fantasmas les dan la bara (Medium y Entre fantasmas), hay extraterrestres con ínfulas invasoras (Invasión), abducciones masivas (Los 4400), fenómenos extraños en una isla remota (Perdidos) y, entre otras cosas, personas fuera de lo común (Héroes). Ante este alud de series con este gran denominador en común, que es el amor por lo paranormal, mi pregunta es: ¿Por qué no se ponen de acuerdo de una vez por todas Carter, la Fox, David y Gillian y empiezan a pensar en serio en la segunda peli de Expediente X? Mejor momento imposible.

Si es que incluso los responsables de Sobrenatural, conscientes del sentimiento de horfandad que acompaña a todo fan de Expediente X, han hecho llamamientos explícitos para que esta bolsa de xfilosadictos nos unamos a la serie y con ello, nos ayudemos mútuamente: ellos verán crecer las cuotas de audiencia y así podrán prolongar una tercera temporada más la serie, y nosotros daremos carta blanca a la nostalgia para que se apodere de nuestro reblandecido corazón. Y así, nos reencontremos, con mucha añoranza, con una familia extraña encerrada en una casa que nos recuerda a Home, con unos interminables viajes en coche de costa a costa de EE.UU. que parecen oler a pipas de girasol, con unos moteles en los que, sin darnos cuenta, nos vemos buscando la maldita puerta de comunicación, y con dos personajes que, aún sin ser para nada Mulder y Scully, nos recuerdan a ellos. O al menos, queremos que nos los recuerden. Porque ser fan de unos personajes que carecen de futuro es muy duro. Y es que me niego a aceptar que todo lo que nos queda de Mulder y Scully sea pasado.

Yo creo en los milagros.

De labios XXL, pecas y ojos multicolor

Algun filósofo de la calle dijo en una ocasión que cuando los futbolistas que admiras y los actores que te gustan (en plan revolución hormonal total) son más jóvenes que tú es que te has hecho mayor. Has abandonado la edad del pavo y la que la sigue para zambullirte de lleno en la edad "adulta".

Pues bien. Si hacemos caso a esta teoría, tengo que reconocer que formo parte del club de los juniors (aún me queda mucho para llegar a ser senior). No entraré a hablar de futbolistas, pq la verdad el fútbol me interesa más bien poco. Pero sí que es cierto que la nueva hornada de actores que están llenando las películas o inundando con su desbordantemente explícita sexualidad la pantalla del televisor me han dado de bruces con la realidad. Y vaya leñazo...

No es que me haya convertido en una asalta cunas de la noche a la mañana. ¡Dios me libre! Un hombre debe ser hombre para que mis hormonas abandonen su estado aletargado y empiecen a dar palmas. Pero es que por favor, ¿qué están comiendo estos chavales? Y la pregunta del millón, ¿por qué no hay ninguno de éstos entre mis amistades cercanas? O mejor aún, ¿en el trabajo? Con lo estimulante que sería ir a trabajar si en la mesa del ladito tuviéramos a un Wentworth Miller cualquiera, ¿no? ¿Que quién éste? Pues el actor que da vida a uno de los hermanos de Prison Break. Se tiene que ser muy guapo para que el rapado casi al cero le siente a uno bien. Claro, que con esos ojos y esos labios, ¿para qué quieres pelo? A mi favor tengo que decir que al menos Miller me supera tres años en edad.

Los mismos tres años que Jensen Ackles se queda por debajo. ¿Y qué son tres años? Nada. Y si no que se lo digan a Demi Moore con su novio-casi-hijo Ashton Kutcher. Tonta, lo que es tonta, no es. Véis, lo que os decía, otro nenín. Y otra vez tres años menos. Creo que tengo una fijación con el tres. Bueno, desde siempre había sido mi número favorito.... Que me voy las ramas.  A lo que iba. Que Jensen me tiene el corazón robado. Debería ser ilegal ser tan guapo. Por si no sabéis de quien os hablo, sólo deciros que es el actor que encarna a Dean en la serie Sobrenatural. Y si aún así no lo visualizáis, debajo os dejo una instantánea del tipo en cuestión. No sé si son sus ojos, sus labios casi pornográficos o el millar de pecas que cubren su rostro (y por extrapolación todo su cuerpo). Pero Jensen me reconcilia con mi naturaleza más salvaje.

Y cuando me siento "mayor" por echarle el ojo a un yogurín, como dirían en Sorpresa, sorpresa o Aquí hay tomate, entonces me acuerdo de DD, de sus gruesos y besucones labios, sus ojos multicolor y sus pequitas y pienso que no todo está perdido. Pq a pesar de la belleza casi letal de Jensen, DD con sus  46 años es, definitivamente, mi hombre ideal. Si ya lo decía yo que me iban los madurtos...





<Nota mental: Investigar desde cuando los hombres con pecas y labios XXL son mi debilidad>